jueves, marzo 29, 2007

La carta de amor

En el breve trabajo que desempeñé en las oficinas del correo solía encontrarme, una vez cada tanto, una que otra carta sin un destinatario o remitente aclarados en el sobre correctamente; en mis tiempos libres me entretenía leyéndolas. Una de esas cartas un tanto extrañas, como la gente misma, es la que transcribo debajo.

Querido Pastelito:
Sé que esta carta te llegará con cierto sabor amargo, pero no creas que fue mi intención enviártela luego de mi partida, pero fue así como sucedió, después de todo, ni siquiera pensaba enviártela, así que puedes estar agradecida; aunque, pensándolo mejor, quizás ni siquiera te llegue esta carta y me esté molestando en escribir sin una verdadera razón, pues este maldito correo ha perdido la mayor parte de mi correspondencia a través de los años.
Mi Terroncito de Azúcar; ¿cuántas veces has endulzado mis tragos amargos? ¿cuántas veces me has hecho creer que no valía la pena preocuparse? ¿cuántas veces me he levantado de nuestro lecho a hurtadillas mientras aún dormías para hundirme en otros brazos? Mis dedos no me son suficientes, incluso teniendo en cuenta los de los pies, pero no seamos demasiado inocentes; ambos sabíamos que llegaría el día en el que mi café, demasiado turbio, no admitiría más tu dulzor y que acabarías, ya no blanca como antaño, sino manchada por mí, decantada en la base de la taza que nos contenía a ambos cuando combinábamos nuestros gustos tan bien...
Mi Mielcita del alma; no creas que estoy feliz por mi decisión, pero tampoco es que haya tenido muchas opciones: mi doctor me dijo que tenía algo así como mucha glucosa en la sangre, que ya no te podía seguir viéndote si quería vivir, y enfrentémonos a la realidad; en verdad te quiero y todo eso... pero, bueno... no es que realmente me interese morir, tampoco, ¿no? He visto a muchos valientes padecer de este mal que te acabo de contar y, debo decirte, no es nada hermoso ver cómo estos tipos grandotes se arrastran por el suelo y lloran como niñas; incluso he llegado a oír el caso de uno que lloraba con telenovelas... Lo siento con toda mi alma, pero sé que encontrarás a alguien que pueda hacerte feliz por el resto de tus días. ¡Ah! Y por cierto, acerca de eso; debes apurarte. ¿Te acuerdas que mi médico y tu médico son la misma persona?, bueno, pues, tu médico me dijo que tenías una enfermedad terminal, cáncer, o algo por el estilo (espero que si esta carta te llega, que te llegue antes del 21, porque, bueno, de todas formas, luego no creo que estés "disponible"), así que... apúrate con la búsqueda, ¡suerte!

Con amor,Tu querido Licorcito de Crema


P.D.: ¿Crees que será posible que tu madre me mande algunas de sus estupendas masas caseras? Mi dirección por el momento está en el sobre; haz que las envíe por FedEx que hacen que lleguen tus cosas incluso si han naufragado a una isla desierta. Si no te envío yo mismo esta carta por FedEx es porque ya no tenía un centavo, pero piensa que me tuve que costear el viaje y el hospedaje, así que nada de reproches y envía las malditas masas.
P.D.2: Perdón por maldecir, mi Chocolatito, pero es que estoy algo nervioso y apenas me alcanza el dinero como para apostarle a los caballos una vez más y Tiro Loco me hizo perder como $200, así que, si también puedes enviar algo de dinero... te agradecería.
P.D.3: Ah... no es por nada, ¿no? Pero, por casualidad, ¿dónde vivía tu prima, la rubia, pechugona, esa que vino para las navidades pasadas, la que se había separado recientemente? Es que pensé que tenía el deber de hacerle saber que... bueno que... y también disculparme si no fui muy amable la última vez, pero es que estaba preocupado porque se me estaba muriendo el cactus de una extraña enfermedad. ¿No serías capaz de pensar otra cosa, no?

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