por. Facundo Ezequiel
Del reloj que marca las cinco a la cama
hay una mirada de distancia.
¿Una mirada furtiva? ¿Un mirar cansado?
Un vistazo desesperado, intercalado entre pensamientos
de esos que tienen miedo del olvido
y toman forma de una mujer
una y otra vez
hasta que uno no hace más que pensarlos.
Entonces entra la mano al pantalón
y todo pierde la poca razón que guardaba.
jueves, septiembre 18, 2008
Mujeres empíricas
por. Facundo Ezequiel
Mujeres experimentadoras,
tormento de los hombres sanos,
aléjense un instante,
silencien su erotismo
hasta que mi cuerpo me acompañe
adonde me lleva mi mente.
Por favor les pido,
relajen la tensión de mis venas,
préstenme sus cuerpos,
presto, que llega la noche
Mujeres experimentadoras,
tormento de los hombres sanos,
aléjense un instante,
silencien su erotismo
hasta que mi cuerpo me acompañe
adonde me lleva mi mente.
Por favor les pido,
relajen la tensión de mis venas,
préstenme sus cuerpos,
presto, que llega la noche
martes, septiembre 09, 2008
Un despertar
por. Facundo Ezequiel
El día pestañeó y pude ver
que no estaba escondida la noche
y lo que podría haber sido un descubrimiento funesto
no fue más que el clarear a oscuras.
Fue triste ver que no hay blancos ni grises
pero fue consuelo entender que mi desgracia
no era particularmente desgraciada
ni se centraba en el gatillo de mi llanto
—hasta donde yo sabía,
aquella mujer también lloraba—
Todos íbamos de olvido a olvido
como del amanecer se va al crepúsculo,
del oscuro páramo de sensibilidad
a la noche pura de lo insensible
y, en medio, el decaer, la vida.
El día pestañeó y pude ver
que no estaba escondida la noche
y lo que podría haber sido un descubrimiento funesto
no fue más que el clarear a oscuras.
Fue triste ver que no hay blancos ni grises
pero fue consuelo entender que mi desgracia
no era particularmente desgraciada
ni se centraba en el gatillo de mi llanto
—hasta donde yo sabía,
aquella mujer también lloraba—
Todos íbamos de olvido a olvido
como del amanecer se va al crepúsculo,
del oscuro páramo de sensibilidad
a la noche pura de lo insensible
y, en medio, el decaer, la vida.
Expresión
por. Facundo Ezequiel
Todo es procesar, procesar impresiones
y después lo único que queda es expresar
IMPRESIÓN
EXPRESIÓN
Casi como respirar, pero más esencial.
¿Cómo pintar todas esas casas de barrio
que nos miran con tristes ojos al pasar
si no lo hacemos con esos simples pasos?
De cíclico andar estos pasos
retroalimentándose en nuestro interior
hasta copar nuestras almas
y con la piel de gallinas
simplemente desbordamos
Todo es procesar, procesar impresiones
y después lo único que queda es expresar
IMPRESIÓN
EXPRESIÓN
Casi como respirar, pero más esencial.
¿Cómo pintar todas esas casas de barrio
que nos miran con tristes ojos al pasar
si no lo hacemos con esos simples pasos?
De cíclico andar estos pasos
retroalimentándose en nuestro interior
hasta copar nuestras almas
y con la piel de gallinas
simplemente desbordamos
Si es sueño
por. Facundo Ezequiel
Los ladridos golpearon las paredes
y lo amargo como campanadas sonó;
el suelo pavimentado de seco amor.
Ella en su sueño sumida,
él mirando la grieta en el techo
y pensando cuántas veces ella se desvistió.
Las estrellas estaban todas muertas,
el pelo pegado a su frente
y en sus manos también el seco amor.
¿Hasta cuándo vas a crecer?
¿Hasta dónde vas a crecer?
Había un plan de cinco años hacía diez;
pero siempre los ojos clavados
y la misma grieta en el techo,
echando raíces.
Siempre pensando, la vida es sueño,
y ella soñando, sin sospecharlo,
a su lado, soñando soñando;
él pensando soñando si es menos terrible
llorar porque es sueño
y en el sueño llorando riendo
porque sintió un lagrimón.
Los ladridos golpearon las paredes
y lo amargo como campanadas sonó;
el suelo pavimentado de seco amor.
Ella en su sueño sumida,
él mirando la grieta en el techo
y pensando cuántas veces ella se desvistió.
Las estrellas estaban todas muertas,
el pelo pegado a su frente
y en sus manos también el seco amor.
¿Hasta cuándo vas a crecer?
¿Hasta dónde vas a crecer?
Había un plan de cinco años hacía diez;
pero siempre los ojos clavados
y la misma grieta en el techo,
echando raíces.
Siempre pensando, la vida es sueño,
y ella soñando, sin sospecharlo,
a su lado, soñando soñando;
él pensando soñando si es menos terrible
llorar porque es sueño
y en el sueño llorando riendo
porque sintió un lagrimón.
Abstracto
por. Facundo Ezequiel
Dos líneas paralelas
cruzadas por un óvalo
en un mundo plano.
Tan unidos uno al otro
que, de separarse,
el mundo habría de derrumbarse.
Reflexión del encono
en el iris de plata.
Permanece todo descansando
en el vacío brillante
pregonando confusión de los sentidos
y dispersión de la razón.
Universalización.
Dos líneas paralelas
cruzadas por un óvalo
en un mundo plano.
Tan unidos uno al otro
que, de separarse,
el mundo habría de derrumbarse.
Reflexión del encono
en el iris de plata.
Permanece todo descansando
en el vacío brillante
pregonando confusión de los sentidos
y dispersión de la razón.
Universalización.
lunes, agosto 25, 2008
Del recuerdo y el deseo
por. Facundo Eequiel
Por qué no puedo quitar este tumor
Que son imágenes que son palabras
Que son las sombras que me bañan
Es el amor faltante y el mal humor
El saber que el retorno es eterno
Y no es retorno sino recuerdo
Y sus diseños trazan caminos
Que son selectos, pérfidos olvidos
Son el cavar mi último morar
Son éstas las palabras que escribo.
Por qué no puedo quitar este tumor
Que son imágenes que son palabras
Que son las sombras que me bañan
Es el amor faltante y el mal humor
El saber que el retorno es eterno
Y no es retorno sino recuerdo
Y sus diseños trazan caminos
Que son selectos, pérfidos olvidos
Son el cavar mi último morar
Son éstas las palabras que escribo.
Sueño vigente
por. Facundo Ezequiel
En la capa del día me hundo
Y el pesado abrigo preciso
Para librarme del duelo nocturno.
La vida es sueño para el occiso,
Lo mismo para el pobre creyente
Que hace del día una ilusión
Sin hacer caso de lo evidente
Condenando a la perdición
A todo lo que lo enternece.
Es necesario que me sorprenda
Entre la necedad que crece
Para mantenerme en la vereda.
Es preciso que no me duerma
Para mantener el sueño vigente.
En la capa del día me hundo
Y el pesado abrigo preciso
Para librarme del duelo nocturno.
La vida es sueño para el occiso,
Lo mismo para el pobre creyente
Que hace del día una ilusión
Sin hacer caso de lo evidente
Condenando a la perdición
A todo lo que lo enternece.
Es necesario que me sorprenda
Entre la necedad que crece
Para mantenerme en la vereda.
Es preciso que no me duerma
Para mantener el sueño vigente.
jueves, agosto 07, 2008
Las mujeres que yo amo
por. Facundo Ezequiel
Las mujeres que se acuestan con hombres
que no son más que mitigadores del dolor
son las que me agarran como una enfermedad
y no puedo soltarlas sino hasta morir
tras una larga agonía.
Las mujeres que me enamoran están hechas
del mismo fuego que las estrellas.
Las mujeres que yo amo
son incapaces de mirar abajo
y de amar.
Las mujeres que se acuestan con hombres
que no son más que mitigadores del dolor
son las que me agarran como una enfermedad
y no puedo soltarlas sino hasta morir
tras una larga agonía.
Las mujeres que me enamoran están hechas
del mismo fuego que las estrellas.
Las mujeres que yo amo
son incapaces de mirar abajo
y de amar.
lunes, agosto 04, 2008
La espalda desierta
por. Facundo Ezequiel
El sol mezclado con mi sangre
en el horizonte
como una lágrima del mar emergente
aullaba con voces de millones —
todas las voces que habitaron el mundo
entrelazadas en un violento nudo.
Era el silencio estallando
el día cerrando sus compuertas
el muerto arrepintiéndose des testamento
el paso que sigue
el paso que sigue el paso
era yo y mis huellas en la arena
cayendo por la estrecha cintura
sepultándome en la duna
del tiempo
era Lázaro por segunda vez enterrado
eran todos los profetas y santos
era el ladrido incomprendido
era un deseo respondido
era todo al mismo tiempo
y la destrucción del tiempo
que lo hacía todo imposible
y sostenía todo el universo
Era la locura de un loco
que caminaba por última vez
sobre su desértica espalda
El sol mezclado con mi sangre
en el horizonte
como una lágrima del mar emergente
aullaba con voces de millones —
todas las voces que habitaron el mundo
entrelazadas en un violento nudo.
Era el silencio estallando
el día cerrando sus compuertas
el muerto arrepintiéndose des testamento
el paso que sigue
el paso que sigue el paso
era yo y mis huellas en la arena
cayendo por la estrecha cintura
sepultándome en la duna
del tiempo
era Lázaro por segunda vez enterrado
eran todos los profetas y santos
era el ladrido incomprendido
era un deseo respondido
era todo al mismo tiempo
y la destrucción del tiempo
que lo hacía todo imposible
y sostenía todo el universo
Era la locura de un loco
que caminaba por última vez
sobre su desértica espalda
jueves, julio 31, 2008
3.000 leguas de sueño humedecido
por. Facundo Ezequiel
3.000 leguas de sueño humedecido
las piernas temblorosas y el cráneo hirviente
el pecho sobresaliente, las costillas rotas
del violento tambor de sangre
que no para un instante
porque su crescendo constante
es un preludio desesperado
al silencio de la muerte
Enfermo de su consciencia humana duerme
el desdichado enamorado de la estrella negra
recolecta en sus sueños piezas de rompecabezas
que tan solo ve encajarse por las noches
cuando las palabras de ella
obedecen los deseos de su mente
y entonces, solo entonces, sueña
3.000 leguas de sueño humedecido
3.000 leguas de sueño humedecido
las piernas temblorosas y el cráneo hirviente
el pecho sobresaliente, las costillas rotas
del violento tambor de sangre
que no para un instante
porque su crescendo constante
es un preludio desesperado
al silencio de la muerte
Enfermo de su consciencia humana duerme
el desdichado enamorado de la estrella negra
recolecta en sus sueños piezas de rompecabezas
que tan solo ve encajarse por las noches
cuando las palabras de ella
obedecen los deseos de su mente
y entonces, solo entonces, sueña
3.000 leguas de sueño humedecido
viernes, julio 18, 2008
Cursicoraza
por. Facundo Ezequiel
¡Qué tonto corazón!
Baila cuando lo alimentan
y llora el resto del día.
Lo aturden los más mínimos bocados
y se lamenta recordándolos
tal obeso famélico.
Sueña con revertir su situación
y se ve feliz otra vez
como únicamente lo fue
aquella primera vez.
¡Qué tristeza,
qué vergüenza,
si ese tonto corazón
fuese el mío!
¡Qué tonto corazón!
Baila cuando lo alimentan
y llora el resto del día.
Lo aturden los más mínimos bocados
y se lamenta recordándolos
tal obeso famélico.
Sueña con revertir su situación
y se ve feliz otra vez
como únicamente lo fue
aquella primera vez.
¡Qué tristeza,
qué vergüenza,
si ese tonto corazón
fuese el mío!
martes, julio 15, 2008
Tapiz musical
por. Facundo Ezequiel
Por qué será que no puedo dormir?
Y sin embargo sueño con vos
Relajate
Relajate
Hay música
Suena la trompa
Suave
Suave
Te deslizás mi querido monobígamo
Compartís tu amor por una mujer y el arte
Te sentás en profunda meditación
Involuntaria
Iluminado
Prendés un cigarro
Y en el humo tu tristeza se desvanece
Absorvido como por una esponja
Suave
Iluminado
Como si alguien te preguntara
Contestás infinidad de preguntas
Con una sonrisa
Pero al momento de cerrar los ojos
Ahí está
Aparece de nuevo
Hay música
Relajate
Lágrimas
Suave
Suena la trompa
Es ella
Con una sonrisa
Involuntaria
Desesperación
—Música
Por qué será que no puedo dormir?
Y sin embargo sueño con vos
Relajate
Relajate
Hay música
Suena la trompa
Suave
Suave
Te deslizás mi querido monobígamo
Compartís tu amor por una mujer y el arte
Te sentás en profunda meditación
Involuntaria
Iluminado
Prendés un cigarro
Y en el humo tu tristeza se desvanece
Absorvido como por una esponja
Suave
Iluminado
Como si alguien te preguntara
Contestás infinidad de preguntas
Con una sonrisa
Pero al momento de cerrar los ojos
Ahí está
Aparece de nuevo
Hay música
Relajate
Lágrimas
Suave
Suena la trompa
Es ella
Con una sonrisa
Involuntaria
Desesperación
—Música
Harpías
por. Facundo Ezequiel
No hay nada como
un buen corazón
roto
para hacer una harpía feliz
Contemplando como se desangra
tirado en alguna esquina
oscura—
Los bellos gorjeos
del casi muerto
gemidos
del avaricioso amante
gárgaras de uñas
mordidas en esperas
inacabables—
¡Qué excitante es
para la mujer
del millón
de hombres!
No hay nada como
un buen corazón
roto
para hacer una harpía feliz
Contemplando como se desangra
tirado en alguna esquina
oscura—
Los bellos gorjeos
del casi muerto
gemidos
del avaricioso amante
gárgaras de uñas
mordidas en esperas
inacabables—
¡Qué excitante es
para la mujer
del millón
de hombres!
miércoles, julio 09, 2008
El homúnculo de oro
por. Facundo Ezequiel
Probo y sincero
me adentraba yo a la inmensidad de los otros,
caminaba cuidadoso y no
sin cierto temblor en las piernas,
temeroso como estaba
de encontrarme
más allá
un semejante
que derrumbara mis cautos años
de enaltecer un ego
un tanto débil
y pequeño.
Caminé entre inflados gusanos
que ocupaban habitaciones enteras,
planetas
incluso;
pasé junto a los luengos parásitos
de mejillas avivadas
por sangres ajenas
y evité que me notaran
ciertos tipos extraños
que en sus oscuras vestimentas de miedo
afirmaban tener ojos en la espalda
y decían ver cosas que no estaban.
Pero entre tanta malaria del espíritu
una criatura ignota
llamó mi atención.
Su cara era pálida y neutra su expresión,
sus ojos parecían cansados,
pero cierto brillo en su interior
hizo que me acercara,
y, ubicando mi rodilla en la tierra
y mis manos en sus hombros,
le rogué que me mirara.
Tres caballos perlados vinieron hacia mí
vestidos en telas que jamás pude
haber imaginado y de infinito valor;
creí que sus enormes patas calzadas en oro
y plata acabarían por matarme;
pero como si ellos, o yo, fuésemos fantasmas,
al dejar su estela ectoplasmática,
solo, el eco de sus cascos
en mi pecho retumbaba.
Yo, aún sin poder moverme,
y sin pestañar una vez siquiera,
capté la luz de la estrella única,
violeta era y como látigo su golpe.
En mi retina dibujó como memoria
que vuelve en sueños de repente
olvidadas caras y acciones sagradas
de bondades puras y desinteresadas
y ese recuerdo grato fue como un olvido
que supiera preparme para el futuro.
Sentí el calor de una lágrima
que acariciaba mi mejilla
y se adentraba en mi sonrisa.
Me incorporé y quise darle las gracias
al pálido homúnculo
pero al mismo tiempo él
se puso de pie
y su cuerpo dorado,
en un masculino movimiento,
abarcó todo y fue todo al mismo tiempo.
Me di cuenta que no era necesaria
una despedida
y continué mi camino
dejando
huellas doradas.
Probo y sincero
me adentraba yo a la inmensidad de los otros,
caminaba cuidadoso y no
sin cierto temblor en las piernas,
temeroso como estaba
de encontrarme
más allá
un semejante
que derrumbara mis cautos años
de enaltecer un ego
un tanto débil
y pequeño.
Caminé entre inflados gusanos
que ocupaban habitaciones enteras,
planetas
incluso;
pasé junto a los luengos parásitos
de mejillas avivadas
por sangres ajenas
y evité que me notaran
ciertos tipos extraños
que en sus oscuras vestimentas de miedo
afirmaban tener ojos en la espalda
y decían ver cosas que no estaban.
Pero entre tanta malaria del espíritu
una criatura ignota
llamó mi atención.
Su cara era pálida y neutra su expresión,
sus ojos parecían cansados,
pero cierto brillo en su interior
hizo que me acercara,
y, ubicando mi rodilla en la tierra
y mis manos en sus hombros,
le rogué que me mirara.
Tres caballos perlados vinieron hacia mí
vestidos en telas que jamás pude
haber imaginado y de infinito valor;
creí que sus enormes patas calzadas en oro
y plata acabarían por matarme;
pero como si ellos, o yo, fuésemos fantasmas,
al dejar su estela ectoplasmática,
solo, el eco de sus cascos
en mi pecho retumbaba.
Yo, aún sin poder moverme,
y sin pestañar una vez siquiera,
capté la luz de la estrella única,
violeta era y como látigo su golpe.
En mi retina dibujó como memoria
que vuelve en sueños de repente
olvidadas caras y acciones sagradas
de bondades puras y desinteresadas
y ese recuerdo grato fue como un olvido
que supiera preparme para el futuro.
Sentí el calor de una lágrima
que acariciaba mi mejilla
y se adentraba en mi sonrisa.
Me incorporé y quise darle las gracias
al pálido homúnculo
pero al mismo tiempo él
se puso de pie
y su cuerpo dorado,
en un masculino movimiento,
abarcó todo y fue todo al mismo tiempo.
Me di cuenta que no era necesaria
una despedida
y continué mi camino
dejando
huellas doradas.
Reflejo, tercero
por. Facundo Ezequiel
Espejo de bordes cóncavos
que refleja mi lánguido dolor,
¿por qué no reflejás
la dicha que precede
y te mirás un poco vos?
Vos, dolor, cruz gratis de mí
pendiente, es así ya.
Antes creó el ron.
Otro morirá. Sí, caete del
corazón, rezó el mocete.
Espejo de bordes cóncavos
que refleja mi lánguido dolor,
¿por qué no reflejás
la dicha que precede
y te mirás un poco vos?
Vos, dolor, cruz gratis de mí
pendiente, es así ya.
Antes creó el ron.
Otro morirá. Sí, caete del
corazón, rezó el mocete.
lunes, julio 07, 2008
Del anotador de las frutas
(de Cómo matar a Balthazar)
por. Facundo Ezequiel
... Y ahí estaba yo, haciendo rodar el freakshow, esa enorme bola condensada que era mi cabeza, girándola con cada uno de mis pasos como un hamster en su rueda. Si alguien me hubiese parado para preguntarme la hora yo le hubiese contestado algo como "Y los bólidos pasaban repletos de payasos y las bicicletas conducidas por esqueletos de jeringas en cuello... " y mi interlocutor huiría aterrado o se pondría a llorar y se postraría a mis pies porque mis palabras eran la conexión con lo divino, eran la única verdad y mientras caminase e hiciera rodar la bola yo era Dios.
por. Facundo Ezequiel
... Y ahí estaba yo, haciendo rodar el freakshow, esa enorme bola condensada que era mi cabeza, girándola con cada uno de mis pasos como un hamster en su rueda. Si alguien me hubiese parado para preguntarme la hora yo le hubiese contestado algo como "Y los bólidos pasaban repletos de payasos y las bicicletas conducidas por esqueletos de jeringas en cuello... " y mi interlocutor huiría aterrado o se pondría a llorar y se postraría a mis pies porque mis palabras eran la conexión con lo divino, eran la única verdad y mientras caminase e hiciera rodar la bola yo era Dios.
lunes, junio 30, 2008
Alma en dos
por. Facundo Ezequiel
El flautista se lleva mi rata
y su recompensa no es grata
¿cómo pagarle si no queda nada
tras el hambre de aquel roedor?
Solo el tiempo que no cede ni concede
sabrá decir quién ganará —si se gana— y quién pierde
Mis piernas quebradas de cansancio
me obligan al llanto
y hundo la cara en mis manos
Mi penar es tanto
que más valdría un trombón
para arrastrar semejante peso
fuera de las puertas del regreso
Aporreo el piano y humedezco el marfil
porque volver a recordar es inevitable
mientras sea yo quien viva mi vida
Lucho porque no sé si quisiera
moverme hacia delante
o dar un paso al costado
—quizás andar de lado—
Ella sigue estando ahí
como un inmutable horizonte
que vomita infinidad de obstáculos
—corro hacia ella
los salto, los evado,
algunos me llevan por delante
y cuesta levantarse;
corro hacia ella—
Cuerdas que desatan mi locura
permítanme golpearlas
como las golpearon mis hermanos suicidas
tan abocados a la vida
que fueron cegados por la desgracia
segados por mi compañera callada
que me mira del lado opuesto de la habitación
con cara que he de conocer
hoy reconozco su perfume a tierra húmeda
y su magra piel
reconozco en mí su perfecto reflejo
Amada mía (por no decir tu nombre
y avergonzar a tus pálidos amantes),
¿me querrás cuando mi punto haya expuesto?
porque aquello que me mata
es lo mismo que me da vida
ya no sé si soy
algo más que un fantasma
Me atraviesa la idea de volver a verte
mañana cuando me odies
por serte sincero al extremo
y arrodillarme ante vos
como fervoroso religioso ante Dios
pedirte perdón
porque la fuerza me la das vos
y si no te tengo conmigo
no hago más que arrastrarme.
Todo eso quise decir en una canción
pero mi única invocación a la perfección
era una lastimosa melodía marchitándose
en cada compás
y tu nombre era lo único hermoso
que pude cantar
y la canción era de Serrat
y aunque no la escuche nunca más
sigue sonando tu imagen
y el dolor de la separación
de un alma en dos.
El flautista se lleva mi rata
y su recompensa no es grata
¿cómo pagarle si no queda nada
tras el hambre de aquel roedor?
Solo el tiempo que no cede ni concede
sabrá decir quién ganará —si se gana— y quién pierde
Mis piernas quebradas de cansancio
me obligan al llanto
y hundo la cara en mis manos
Mi penar es tanto
que más valdría un trombón
para arrastrar semejante peso
fuera de las puertas del regreso
Aporreo el piano y humedezco el marfil
porque volver a recordar es inevitable
mientras sea yo quien viva mi vida
Lucho porque no sé si quisiera
moverme hacia delante
o dar un paso al costado
—quizás andar de lado—
Ella sigue estando ahí
como un inmutable horizonte
que vomita infinidad de obstáculos
—corro hacia ella
los salto, los evado,
algunos me llevan por delante
y cuesta levantarse;
corro hacia ella—
Cuerdas que desatan mi locura
permítanme golpearlas
como las golpearon mis hermanos suicidas
tan abocados a la vida
que fueron cegados por la desgracia
segados por mi compañera callada
que me mira del lado opuesto de la habitación
con cara que he de conocer
hoy reconozco su perfume a tierra húmeda
y su magra piel
reconozco en mí su perfecto reflejo
Amada mía (por no decir tu nombre
y avergonzar a tus pálidos amantes),
¿me querrás cuando mi punto haya expuesto?
porque aquello que me mata
es lo mismo que me da vida
ya no sé si soy
algo más que un fantasma
Me atraviesa la idea de volver a verte
mañana cuando me odies
por serte sincero al extremo
y arrodillarme ante vos
como fervoroso religioso ante Dios
pedirte perdón
porque la fuerza me la das vos
y si no te tengo conmigo
no hago más que arrastrarme.
Todo eso quise decir en una canción
pero mi única invocación a la perfección
era una lastimosa melodía marchitándose
en cada compás
y tu nombre era lo único hermoso
que pude cantar
y la canción era de Serrat
y aunque no la escuche nunca más
sigue sonando tu imagen
y el dolor de la separación
de un alma en dos.
Aquel que miró el cielo
por. Facundo Ezequiel
Aquel que miró el cielo cuando la tierra se abría bajo sus pies
Anduvo pensativo muchas mañanas atrás.
Aquél traía de regreso las espinas de la flor caprichosa
Cuando el conspirador lecho de estrellas lo miraba,
Lo llamaba y le suplicaba en vocablos olvidados,
Ventosas palabras, suspiros callados, sollozos.
Aquel que oía cuando los otros sentidos callaban
Oyó sus pasos. Resonaban atrás. Lentos, y creyó oír agua
Pero nunca vio mar o río alguno que no vertiera
De su pecho incontenible.
"Si hubiesen palabras que pudiera pronunciar
para explicar la inexistencia de los bancos de mi seno
que abarca más de lo que veo y creo que siento..."
Pensó, y cada uno de sus suspiros era una palada.
Drenar el sentimiento líquido que lo ahogaba
Era más difícil que navegar sus mares montado a
Una vieja y desastrosa guitarra.
Pero este mar era del mármol más perfecto y frío
Y sus pies se estaban hundiendo.
Aquél trepó tantas veces fuera de su agujero que creyó
Que jamás podría quedar encerrado dentro.
Cayó sobre sí mismo y desde entonces el cielo está oscuro;
Aquel que miró el cielo cuando la tierra se abría bajo sus pies
Anduvo pensativo muchas mañanas atrás.
Su único amor era lo único que nunca tuvo y siempre quiso.
Ella era una estrella y todo cuanto la rodeaba era oscuro.
Él la buscó en el cielo tras cada pestañeo y como un nocturno Ícaro
Buscó elevarse hacia el objeto de su deseo en vanas alas de poeta.
Aquél traía de regreso las espinas de la flor caprichosa
Cuando el conspirador lecho de estrellas lo miraba,
Lo llamaba y le suplicaba en vocablos olvidados,
Ventosas palabras, suspiros callados, sollozos.
Aquel que oía cuando los otros sentidos callaban
Oyó sus llantos. Futuros. Pasados. Presentes.
Mientras,
Su razón vertía sueños.
Aquel que miró el cielo cuando la tierra se abría bajo sus pies
Anduvo pensativo muchas mañanas atrás.
Aquél traía de regreso las espinas de la flor caprichosa
Cuando el conspirador lecho de estrellas lo miraba,
Lo llamaba y le suplicaba en vocablos olvidados,
Ventosas palabras, suspiros callados, sollozos.
Aquel que oía cuando los otros sentidos callaban
Oyó sus pasos. Resonaban atrás. Lentos, y creyó oír agua
Pero nunca vio mar o río alguno que no vertiera
De su pecho incontenible.
"Si hubiesen palabras que pudiera pronunciar
para explicar la inexistencia de los bancos de mi seno
que abarca más de lo que veo y creo que siento..."
Pensó, y cada uno de sus suspiros era una palada.
Drenar el sentimiento líquido que lo ahogaba
Era más difícil que navegar sus mares montado a
Una vieja y desastrosa guitarra.
Pero este mar era del mármol más perfecto y frío
Y sus pies se estaban hundiendo.
Aquél trepó tantas veces fuera de su agujero que creyó
Que jamás podría quedar encerrado dentro.
Cayó sobre sí mismo y desde entonces el cielo está oscuro;
Aquel que miró el cielo cuando la tierra se abría bajo sus pies
Anduvo pensativo muchas mañanas atrás.
Su único amor era lo único que nunca tuvo y siempre quiso.
Ella era una estrella y todo cuanto la rodeaba era oscuro.
Él la buscó en el cielo tras cada pestañeo y como un nocturno Ícaro
Buscó elevarse hacia el objeto de su deseo en vanas alas de poeta.
Aquél traía de regreso las espinas de la flor caprichosa
Cuando el conspirador lecho de estrellas lo miraba,
Lo llamaba y le suplicaba en vocablos olvidados,
Ventosas palabras, suspiros callados, sollozos.
Aquel que oía cuando los otros sentidos callaban
Oyó sus llantos. Futuros. Pasados. Presentes.
Mientras,
Su razón vertía sueños.
Ella es muy puta
por. Facundo Ezequiel
Ella es hermosa y es tan buena que
ofrece su belleza a quien sepa apreciarla
y es tan hermosa que pocos no la saben apreciar
¿por qué sos tan puta?, le pregunté
y me contestó con un movimiento de cadera
y un gemido que me hizo ver las estrellas,
seguro que eso se lo hace a todos
aunque le guste fingir ser santa
tampoco tiene drama en que le dé
por el culo y yo le doy
le doy con mucho gusto
y ella grita
pero sé que nada jamás le duele
(siempre me pide más fuerte)
y a veces dudo si algo siquiera
le causa placer
y si jamás
podré complacerla.
Ella es hermosa y es tan buena que
ofrece su belleza a quien sepa apreciarla
y es tan hermosa que pocos no la saben apreciar
¿por qué sos tan puta?, le pregunté
y me contestó con un movimiento de cadera
y un gemido que me hizo ver las estrellas,
seguro que eso se lo hace a todos
aunque le guste fingir ser santa
tampoco tiene drama en que le dé
por el culo y yo le doy
le doy con mucho gusto
y ella grita
pero sé que nada jamás le duele
(siempre me pide más fuerte)
y a veces dudo si algo siquiera
le causa placer
y si jamás
podré complacerla.
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